Página en blanco.
Las mejores preguntas son seguramente las que no sabemos contestar.
Saben mantener esa tensión, mezcla de intriga y misterio que nos hace dia tras dia querer encontrarles respuestas, darles una razón y un sentido único, explicable, comprensible, lógico.
Así, la buena pregunta no entiende de tramas clásicas: pregunta-desarrollo-conclusión, sino que nos mantiene en vilo, seduciendo, provocando, vacilando... Manteniéndonos vivos, curiosos, ignorantes.
Encontrando respuestas a trompicones, como rayos que caen; ¡Zas! iluminando por un segundo la espesa osuridad de la duda, para desaparecer acto seguido, como si no hubiera pasado nada.
¡Geniales preguntas!
¡Duras preguntas!
¡Ansias de respuestas!
Preguntas sencillas que, como quién no quiere la cosa, irrumpen en el estómago creando una auténtica marea existencial, sacudiéndo la conciencia (a conciencia).
Las buenas preguntas deberían venderse en farmacias:
¡vivifican! ¡tonifican!
(Entre insomnio y ojeras...)



1 comentarios:
Me encanta la respuesta que has dado a mi no-pregunta; a mis no-preguntas..., que por otra parte ya se han convertido en sí-preguntas.
Y se me ocurre que... en vez de preguntarte QUÉ quiero investigar, mejor podrías preguntarte PORQUÉ quiero investigar "algo", quizás ese "algo" aparece único, explicable, comprensible y lógico, tal como tú dices...
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